Espacios vacíos

“Espacios vacíos, ¿cuál es el sentido de nuestra vida?

Lugares abandonados, ya conocemos el resultado: se repite una y otra

vez…

¿Alguien sabe lo que estamos buscando?

Otro héroe: otro crimen sin sentido.

Detrás del telón del simulacro

Hay que mantener la calma…

¿Acaso hay alguien que soporte esta presión?

Pase lo que pase, lo dejaré todo al azar…

Pase lo que pase, sostendré mi sonrisa

Creo que al fin estoy aprendiendo

Debo estar más calmo ahora…

Ahí afuera el amanecer se está rompiendo

Pero adentro, en la oscuridad, estoy deseando ser libre.” (1)

Es difícil reconocer el autor de esta canción sin su título o su estribillo, es de Sir Brian May, el talentoso músico, compositor, multiinstrumentista, astrofísico y doctor en filosofía, de la legendaria banda Queen, rindiéndole homenaje a su amigo que luchaba con una enfermedad que lo dejaba sin fuerzas. Su amigo, que era un impulso de vida, se apagaba, la canción publicada solo seis semanas antes de la muerte de Mercury, bajo un nombre comercial que no empaña lo profundo de su contenido. La canción pudo haber sido un intento de entender el vacío que dejaba la pronta muerte del vocalista.

La frontera del espacio

En el vacío que deja lo inconcluso no habita solo espacio vacío. El vacío nunca es realmente vacío. El psiquismo es permeable y aunque nuestra consciencia sea un espacio limitado donde aparecen nuestros más variados pensamientos, solo se trata de un pequeño foco de luz sobre un escenario, detrás del telón están los lugares ocultos: los puntos ciegos, los sótanos, los huecos o vacíos, que son ocupados por representaciones, fantasías, temores, deseos y sueños.

En lo inconcluso hay algo no finalizado, un cierto magnetismo que atrae determinado tipo de imágenes inconscientes (imagos), que por lo general tienen relación simbólica con lo que no fue, como la melodía de una canción que busca en el vibrar del aire a su instrumento para devenir música, o el aroma del tiempo que nos traslada décadas en un instante.

El vacío en el presente

En una relación, o cualquier tipo de vínculo de amistad o familiar, que por motivos confusos y poco claros, se hunden en un espacio de silencio y luego pareciese que el tiempo se ha olvidado de ellos. Es allí cuando aparece entonces un resquicio, un anhelo que no encuentra su destino.

Sabemos que evitamos ciertas partes intolerables de nuestra conciencia para mantener una coherencia en nuestro yo, para eso hacemos funcionar nuestras defensas psíquicas: la represión y el desplazamiento, entre otras. Pero ¿qué sucede cuando, por ejemplo, en una ensoñación, se baja la guardia y las sombras derraman su luz?…

Aparecen símbolos transfigurados (con una relación implícita con la parte que ocultamos de nosotros mismos), es entonces cuando el vacío se hace presente.

Puede ser a través de una canción, el cambio de una estación, un aroma, no podemos definirlo bien, esa es otra de sus características.

“Me estremece el silencio eterno de esos espacios infinitos”

(2)

Esta expresión existencial de Pascal describe la sensación de vacío que puede generar la idea de un cosmos infinito y silencioso, tanto externo como interno.

Pero se diferencia de lo silenciado, que siempre pulsa por salir, y si no se puede poner en palabras, se repite en actos, en una generación o en la siguiente. El infinito es silencioso, dice Pascal, pero lo silenciado es un grito sofocado.

La difícil tarea es intentar asociar el afecto real con la representación que alguna vez fue desalojada de la consciencia, es decir, intentar descifrar qué nos produce el vacío. De esta manera abrir la puerta a que emerjan sentimientos, de todo el repertorio de emociones humanas, para luego procurar que quede ligada a la representación causante por vía de la palabra, esto es parte del trabajo terapéutico: historizar, dar sentido, ligar afectos con sus fuentes, evitar la compulsión a la repetición.

Lo inconcluso como oportunidad.

Es conocida la frase de Heidegger (3) de que la vida del ser es posibilidad, y la muerte el fin de las mismas, pero también, señala el autor, existe otra vida, la mera vida, del sujeto que nunca toma consciencia. Nunca decide ni se hace responsable, sin resignarse a perder ni a aceptar el límite, el sujeto que quiere todo y se transforma en un gran vacío que necesita llenarse con estímulos banales que solo alimentan el vacío. Según el autor, no preguntarnos por la cuestión del sentido,nada de malo tiene, solo seremos algo más parecidos a la especie animal y menos seres en situación, seres que miran a la muerte, pero como Mercury todavía “sonríen” porque tienen un para qué vivir.

¿Cuánto tiempo pasamos por la vida sin saber bien por qué hacemos lo que hacemos? Una variante de esa pregunta es la que Nietzsche (4) plantea en el concepto de eterno retorno. A veces parece que vivimos como si nunca fuésemos a morir, pero si todo se repitiera eternamente: ¿seguiríamos haciendo lo que hacemos hoy?

___

(1) The show must go on, Queen

(2) Blas Pascal, Pensamientos. “Le silence éternel de ces espaces infinis m’ef-

fraie.”

(3) Heidegger, Ser y tiempo.

(4) Nietzsche, “Así habló Zarathustra”

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