Expiación
El amor en tiempos de negación.
Algunas veces se presentan casos donde el paciente es el síntoma de un entramado mucho más complejo, y que se relaciona con el lugar que ocupa en relación a su familia o grupos primarios. Algunas familias utilizan un integrante para evacuar todas sus culpas, entonces aparece "el vago", "el loco", o el "inútil", o algún adjetivo en forma de etiqueta que tiende a condicionar la libre elección del individuo, porque de alguna manera todos esperan que ejerza el papel al cual fue asignado y muchas veces correrse del mismo implica el desamparo, el ostracismo, es decir el amor que le proviene de la familia o el grupo es un amor con condiciones. Y si no queda el exilio, el destino del tercer cabrito:
El origen.
En los actos purificatorios hebreos se seleccionaban dos cabras jóvenes, una de ellas era sacrificada y a la otra le "perdonaban" el castigo del sacrificio pero debía cargar con los pecados de la comunidad, luego la dejaban lejos de los poblados, de aquí nació el nombre, muy utilizado en la cultura de chivo expiatorio. Una pequeña cabra errante que carga con la culpa de todos.
La familia.
Pensemos ahora en un ámbito familiar que tiene su propia dinámica y como todo grupo encontramos lideres, roles, y responsabilidades. En la clínica se ve algo que no debería ser naturalizado, el hijo ocupando el lugar del padre de alguno de los padres. Un hijo siempre es "hijo", solo es padre de sus propios hijos. Pero este trueque no es inocuo, trae aparejado conflictos, sobrexigencia en el niño, negligencia en el adulto, sobre adaptación, y manipulación. Quizás el mecanismo mas común para que todo este pueda funcionar sea la naturalización o negación.
Transcurrido cierto tiempo es probable que la dinámica se cristalice y ya no se vea como un problema para los integrantes, pero sin embargo continúan con un monto excesivo de malestar, por lo que suelen buscar dentro de la familia alguien que pueda utilizarse como válvula para equilibrar las tensiones, vía proyección y desplazamiento, para mantener la homeostasis. Este suele ser el papel designado para el tercero (recordemos que uno fue sacrificado, aunque en la práctica siga vivo haciendo el papel de otro).
La realidad es que cuando existen grupos o familias disfuncionales, todos sufren en diferente grado, los padres que no son se vuelven dependientes, los hijos se auto-exigente para encontrar los límites perdidos y el tercero lleva la carga de los síntomas. Este esquema se puede concebir cuando la patología no es mayor y no se traslada a por ejemplo, consumo de sustancias o violencia. En todo caso es tratable, pero alguno debe querer salir de su rol y eso conlleva cambiar la dialéctica del núcleo de funcionamiento familiar, con suerte, quien lleva el signo de la expiación puede pedir ayuda, y empezar a desentrañar el laberinto afectivo que predispuso la emergencia de su malestar.
Las dinámicas familiares son complejas y para su funcionamiento sano es necesario que los roles estén claros y se cumplan, que haya afecto mutuo, límites puestos desde el amor y el entendimiento, comprensión y escucha atenta.