Las formas del bienestar
La psicología abarca tanto los déficits como los potenciales para el desarrollo humano, vamos a revisar algunos sesgos comunes que se suelen interponer en nuestra percepción de la realidad externa e interna que pueden generar malestar psicológico. Los sesgos es una tendencia a actuar o pensar de cierta manera que puede alterar nuestro juicio de forma inconsciente, se nutren de creencias que están muy arraigadas a nuestra personalidad y modifican la forma que vemos e interactuamos con el mundo. Por lo general se forman tanto por la filogenética (historia de la evolución de la especie), como por la ontogénesis (historia del desarrollo del individuo, su ambiente y su herencia). La rama psicológica que se encarga de elaborar los constructos teóricos para la medición científica se denomina psicología positiva.
Tendencia a la comparación: el humano es un ser social, esto trae muchos beneficios, y es parte de la formación de la cultura. Pero también acarrea un problema, casi por defecto, el sujeto siempre está comparándose con un otro. Aunque haya visto una imagen, o porque se siente identificado. Lo difícil de este mecanismo es que se suele idealizar al otro y devaluar lo propio, por lo general uno no se compara con los que están pasando un mal momento, más bien siente algo parecido a la compasión o empatía (en el mejor de los casos). Esto lleva a una insatisfacción, y la sensación de que siempre tenemos que buscar más. O que no estamos a la altura.
Sobreestimación de lo material: Una vez satisfechas las necesidades básicas para la supervivencia, y para la tranquilidad, algo que suele ser difícil en la economía cambiante de Argentina, los estudios indican que un mayor grado de ingresos económicos no genera mayor bienestar sino la necesidad de ganar más, es decir si ganamos 1.000.000 de pesos, pensaríamos que estaríamos mejor con 1.250.000, lo mismo para cifras más grandes o más chicas. Hay un rápido acomodamiento a el valor de lo material y del placer, esto se denomina adaptación hedonista. Por lo cual lo que pensamos que nos hará felices muy rápido se convierte en algo a lo que nos acostumbramos, y de lo cual necesitamos más.
El ser valora lo que pierde: Por lo general cuando perdemos algo le damos el valor y lamentamos no haberlo apreciado en su momento. Pensemos en nuestros vínculos, nuestros hijos, amigos, padres. Pasamos nuestros días muchas veces yendo tras quimeras o deseos cambiantes sin darle el valor implícito a lo que ya es parte de nuestra vida, lo damos por hecho, ese es otro sesgo, el de adaptación al ambiente (que tiene un fuerte componente de supervivencia), a veces nos entristecemos por situaciones posibles futuras, sin apenas disfrutar lo que construimos hasta el momento actual.
Distorsiones de imagen corporal: la mirada del otro afecta la forma que auto percibimos nuestra propia imagen del cuerpo. Algunas veces sentimos que necesitamos esforzarnos mucho más para obtener resultados estéticos que al final no suelen convencer a nadie porque en un principio nadie lo pidió, es un otro imaginario construido por el entorno sociocultural. Por lo general, por supuesto sin ir a extremos, estamos bien como estamos. Es una de las demandas más frecuentes en la clínica actual junto con las adicciones, que trataremos en otro artículo.
Esta es apenas una pequeña lista de los sesgos más comunes, por supuesto la lista es mucho grande. Pero pensemos algunas formas posibles de desactivar estos modos de pensamiento “automático”.
El tiempo, como sucede en el inconsciente, no es lineal, esto es una construcción cultural que de hecho hasta la física teórica comprobó que es una lectura incorrecta, es decir el presente, el pasado y el futuro se modifican continuamente en base a la experiencia que estamos viviendo. Tal vez puede resultar contra lógico, pero pensemos la vida como un lago y el presente como distintos afluentes que llevan sus sedimentos al espejo de agua, de hecho, podemos reparar hechos del pasado o resignificarlos y que nos influyan en el presente, o participen del futuro, están en dialéctica constante. Solo que se mueven a distintas velocidades. *
Para trabajar en tomar distancia del tiempo sugeriría más ocio de calidad es decir no evitativo, no seguir la corriente de pensar la vida como una carrera, y todos los lugares comunes culturales. Tengamos más tiempo para jugar, para jugar como niños que juegan sin tiempo, un tiempo no apurado*(2), olvidarnos un poco de nosotros mismos. San Agustín decía que la mejor manera de encontrarse a uno mismo es saliendo de sí, yendo hacia un otro. La vida nos espera, nos cuestiona, nos pone en situación. Esa situación, como el espacio terapéutico, son sitios que anidan fuera de lo concreto de las agujas del reloj. Están hechos del material de los sueños, de agua, de los secretos, de las frustraciones, de las tristezas calladas, y los misterios que no nos atrevemos a enfrentar solos. Ahí se caen los sesgos, las resistencias, los modismos, y aparece titilando una pequeña luz que nos acompaña desde la infancia y que nos dice que nuestro ser auténtico está pidiendo ser escuchado.
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*Algunos filósofos presocráticos ya habían reparado en esta contradicción del tiempo, más cerca de nuestra época Nietzsche nos alertaba de lo dañino que puede ser pensar el tiempo lineal. Muchas culturas orientales piensan el tiempo de forma no lineal, como la filosofía taoísta.
*(2) Maria Elena Walsh.